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Hay muy cerca
de Asís un convento de
frailes franciscanos. Un hermanito lego, de sonrisa dulce
y pardo sayal, dice invariablemente a todos los visitantes: “El que
quiera encontrar a San Francisco... aquí lo encuentra!”.
Aquí... en el árbol sobre el que predicó
a los pajarillos; aquí, en el silencio del torrente que sólo
eleva su cristalina voz en víspera de los grandes acontecimientos,
aquí, en los muros seculares del Convento, pero sobre todo en la
Cueva... “En esta Cueva -dice el hermano Giovanni- fabricó
Francisco un día el primer belén. Belén sonoro y dulce,
belén que en los labios de Francisco sonaba beleeeén ...
como balido de oveja...”.
Aquella Nochebuena - año del Señor
de 1223-, los senderos del monte se iluminaron todos. Decenas de campesinos,
llevando antorchas en las manos, venían a ver el belén del
frailecito, del frailecito que nunca se cansaba de repartir bendiciones.
Y se dijo la Misa del Gallo... Fray Francisco fue inmensamente consolado
por Dios pues en el pesebre de la Cueva apareció un niño
dormido que él despertó y lo tomó en sus brazos para
que lo adorasen todos, todos sus hermanos... que de todos los rincones
del valle habían venido aquella noche...
Ha venido la hermana montaña
y el hermano sendero ha venido.
Ha venido la hermana montaña,
sobre ella llegó el borriquillo
y la hermana campiña, y la brisa,
y la flor, y la fuente y el río...
El hermano Francisco sonríe
porque todos loaban al Niño.
Y lloraban los frailes al verlo,
y temblaba una flor de cariño.
El silencio bordaba pañales.
Sonreía el hermano Francisco...
Así fue como preparó Francisco
el primer belén aquella Navidad. Lo había pensado al sol
de su cariño, a la luz plena que desborda el Valle de Espoleto,
“el valle más místico del mundo”, a la luz seráfica
de su mística exultante... Era un belén de luz y de sonido...
Pero el primer belén no fue así, porque
entonces reinaba la noche sobre todo. Y el ángel de Yahvéh
había pasado entre las sombras clavando en las puertas de los palacios
orientales y en los vestíbulos de todas las sinagogas de los pueblos
las últimas profecías:
“¡Preparad los caminos ... El Señor
está al llegar... ! ¡Que alumbren las antorchas detrás
del monte de Sión... !”.
Y la gente lo leía... pero era lengua extraña
aquel decir. Y además, en medio de la noche... “el buey conoce
a su dueño, el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce
nada... Israel no tiene ninguna inteligencia...”.
Nadie sabía nada. Nadie. Sólo una Virgen,
invadida de luz y de Dios, en un rincón de una estancia pobre y
solemne, esperaba la llegada del Mesías. María recordaba
aquella tarde, “bendita entre todas las tardes y bendito el fruto de
su luz" ¿qué recordaba? Lejos del bullicio y de la espera
los labios de Gabriel musitaron la primer Ave María. Brilló
una luz purísima que lo inundaba todo... Luego sonó a lo
lejos la melodía de otra Ave-María... Y su música
crecía y se acercaba... Y luego otra y otra... que llegaban a Nazareth
como olas... que seguían creciendo, creciendo en un oleaje inmenso.
Y sobre las olas se acercaba Dios. ¡Dios que llegaba a la playa virginal
de María!
Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y ACAMPÓ EN NUESTRA
ORILLA...
Por los balcones de los palacios quizá salían
haces de luz como pentagramas vacíos. En el Templo de Jerusalén
quizá pasó un rabino arrastrando su sombra ante el candelabro
de los siete brazos... Sobre los escaños de las sinagogas estaban
abiertas ya todas las profecías...
Desde entonces la Historia se llenó de luz
y de campanas. Cada mañana, cada tarde, al mediodía galopan
sobre el viento olas de oración y sonidos de bronce hermanados para
componer una plegaría popular..."el ángel del Señor"
solemnemente. Cada día en cada Misa se repite también la
anunciación de otro Nacimiento donde de nuevo nace Dios bajo las
especies eucarísticas.
Sí, sí, que también aquí...
en el Belén de altar
nace Jesús cada día...
¡Dame tus manos, María,
para poderlo arrullar!
Entre blancos corporales,
pañales almidonados,
panecillos candeales
por vírgenes preparados
nace hecho consagración,
carne de hostia, en mis manos.
Y repica el corazón
alertando a los humanos.
Luego lo elevo a la altura
como lo haría María ...
Ríe el Niño de alegría
y también la Virgen pura.
¡Corderín de Dios!, le digo,
perdóname esta osadía:
si te vinieras conmigo
a besos te comería....
Comunión de amor, comida
para el corazón hambriento,
besos serán mi alimento
hoy, mañana y de por vida...
En el altar de Belén
Dios se hizo nacimiento.
Hoy se nos hace también
comida en el sacramento.
Y así está Dios con nosotros, Dios
y hombre verdadero, pan y vida y sacramento... Un misterio que se nos escapa
de entre las manos sin que logremos moldearlo del todo en figuras de arcilla
para nuestros belenes. Los primeros cristianos lo plasmaron en la figura
del Buen Pastor con un significado profundo hoy olvidado.
¡Pastorcito divino! ¡Ahora que llegas
tú por la hondonada, camino de Belén con la oveja perdida
sobre tus hombros, tus ojos cansados de sombra y la noche redonda e infinita
a tus espaldas... Pastor bueno, ahora que llegas tú también...
fatigado y alegre,
Pastor bueno, que mi alma
te acompañe ante el Misterio silencioso...
Pastor bueno, que en la calma
de la noche y el reposo
que mi alma te acompañe...
Y en la noche plateada,
cuando todo en el silencio está durmiendo,
que te encuentre en mi morada
para ver si al fin entiendo
el no sé qué... que... que... quedas
balbuciendo...
El cuarto día de la creación Dios creó
las estrellas. Cada estrella tenía un destino para su luz, pero
todas llevaban en su frente, en los primeros rayos, la luz de Dios a quien
pudieron ver aquel día cara a cara, la mano omnipotente del Creador...
Una a una se fueron acercando... De la frente a la cola era todo un rayo
de luz de Dios... Todas llegaban a la tierra clavando en ella banderillas
de fuego. Y al recibir las cosas sus divinos rayos sentían sobre
sí la presencia del Creador, su misma imagen...
Había en Oriente unos magos que adoraban la
luz. Todas las noches salían a su espera por si un día recibían
el mensaje que aguardaban.
Después de muchos años de camino una
noche, en la paz y el silencio, llegó al fin la luz de una estrella,
la última que Dios había creado. Aquella noche floreció
la rosa de los vientos pues desde entonces quedaron abiertos todos los
caminos hacia Belén. Por ellos se acercaron también aquellos
magos. Nunca tan egregios visitantes de tan lejos, nunca mejores dones
para un niño, nunca tanto y tan poco para un recién nacido...
Habiendo burlado olímpicamente al rey Herodes
los Magos volvieron a su patria por otro camino pero la mirada del Niño
los transformó, los convirtió en figuras de ilusión...
esas ilusiones que sueñan todos los niños del mundo la noche
de Reyes...
Los Magos pasan trayendo sus regalos y con ellos
pasa también la Navidad. Los pequeños envuelven de nuevo
las figuras del Portal en papel de seda y todo aquel mundo de ensueño
se recoge en el armario. Sólo queda el mundo real, este mundo en
el que nosotros desarrollamos nuestro auténtico Belén. Todos
somos en él figuras de barro, a todos nos cubre la misma noche,
esta noche Santa de Navidad, a quienes tienen hogar y amor, a los que yerran
lejos por caminos de perdición, a la mujer del pozo, a la que hila
y teje ajena a todo lo que pasa en su entorno. Todos representamos nuestro
papel en este belén del mundo...
¡Noche de Navidad, cuando Dios nace, cuando
la nieve cae allanando valles y abatiendo cumbres, mensajero que prepara
una vez más los caminos...La Navidad alcanza a todos, es como un
surtidor de luz que brotó una noche en Palestina en medio de la
Historia, y salta hasta la vida eterna para caer después hecho copos
de nieve, silenciosos, dormidos en arrullos de paz... como si el cielo
en flor se deshojara en pétalos de nieve que son la flor del agua...
Noche del mundo... en la que también sobre
esta Europa de fronteras, hermanando pueblos, allanando heridas... Noche
del mundo ... sobre la que pasa una estrella hoy derribando caminos, restañando
heridas avanza la estrella blanca de la paz espejando su luz en las aguas
del Rhin, del Volga, y del Danubio dejando también allí su
mensaje de paz.
La estrella camina más y más pero para
muchos cristianos, acaso pase en balde, o acaso ni siquiera se den cuenta
de que pasa... acaso haya nacido también Dios en balde para ellos
una vez más, acaso... Por eso la voz profética de un poeta
indio gritaba desesperadamente al verla pasar:
¡Jesús! ¿por qué no
naciste entre nosotros...
y te llevaríamos en la frente y en el corazón!?
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