APUNTES PARA LA HISTORIA DE LAS

 

LIBRERÍAS DE AVILÉS

 

 

Durante muchos años la librería de villa o de ciudad fue no solamente puesto de venta de libros sino lugar de tertulias literarias o políticas, que juntamente con los bares o chigres tejieron la trama de la historia local o al menos fueron mentidero y lugar de encuentro de ilustrados.

En Avilés está por estudiar este mundo del libro y librería y su entorno literario, cultural o político. Hoy es difícil llevar a cabo un trabajo más o menos completo. Pero algo había que hacer y en esa empresa estamos. Al carecer de fuentes documentales fidedignas y tener que recabar los datos de personas, publicaciones, pies de imprenta, etcétera, adelanto que seguramente habrá más de dos o tres errores y omisiones completamente involuntarias e inevitables.

 

La labor de recogida de información ha sido laboriosa puesto que de muchas librerías no ha quedado ni memoria. De otras solamente nos hemos tenido que fiar del testimonio oral de personas de cierta edad cuyos puntos de vista e incluso noticias a veces no concuerdan, y de las escasas reseñas en la prensa. Por otra parte hemos molestado a muchos dueños de kioscos pidiéndoles información, pero al tratarse de un trabajo poco extenso y siendo el tema primordial las librerías hemos optado por dejarlos para una nueva ocasión. Sin duda un estudio de la prensa, bibliografía, revistas etc. leídas hoy en Avilés no carecería de interés sociológico. Esperamos que alguien venga con más tiempo y medios a completar lo que quiere ser únicamente una primera cala en esta actividad trasmisora de la cultura.

 

LA IMPRENTA / LIBRERÍA

 

Nuestro propósito inicial era recoger únicamente los últimos 50 años, pero nos ha parecido, puesto que apenas hay trabajos sobre el tema, ampliarlo a sus comienzos a fin de dar una visión más completa. Y dado que de las primeras librerías apenas queda memoria optamos por remontarnos a los inicios de la venta del libro en establecimientos aunque no llevaran expresamente el rótulo de librería; de una forma u otra su adquisición siempre estuvo presente entre los estudiosos. ¿De qué medios se valían para ir llenando los anaqueles de sus bibliotecas? Nos imaginamos que acudiendo a los propios autores o a las imprentas donde se publicaban que desde un principio solían tener adosada una librería, o a representantes de editoriales que tenían a su cargo suscripciones y un pequeño stok de libros.

Así sabemos que el primer impresor avilesino, Antonio María Pruneda, una vez instalado en Avilés, empieza abriendo una librería el día 10 de agosto de 1865 en la Plazuela de San Nicolás, nº 32. Pienso que el traer la imprenta desde Oviedo, y echarla a andar, para que en junio de 1866 saliera El Eco de Avilés, primer periódico que vio la luz en nuestra villa, tuvo que llevarle algunos meses. Posiblemente inscribió en el Ayuntamiento la imprenta como librería para empezar a trabajar sin que por ello funcionara la librería desde el mismo día 10 de agosto de dicho año, fecha en la que Carmen Mourenza fija su instalación en la Plazuela.

 

No pude consultar el Libro del Subsidio industrial del Ayuntamiento de Avilés (años 1866-67) que inexplicablemente desapareció del Archivo Municipal, y es donde podríamos encontrar el dato de solicitud para empezar como librería o como imprenta o ambas cosas. C. Mourenza afirma que en aquel tiempo (1866) sólo había dos librerías en Avilés con entidad propia: la de Pruneda y la de Indalecio García. “La primera pronto fue absorbida por la imprenta. En 1868 no figura en las estadísticas como establecimiento dedicado a la venta de libros, ni Pruneda cotizaba al Ayuntamiento como librero” (1). (1) Carmen Mourenza, Historia de la imprenta en Asturias, Ayalga Ediciones, Gijón 1977, p. 161. Pero nos consta que siguió vendiendo libros.

Un anuncio en La Luz de Avilés (1876) para abrir suscripciones a prensa, dice: “En la Imp. y lib. Pruneda”. Será en 1868 cuando empiece a salir propaganda de libros en los últimos números de El Eco... y durante el tiempo que duró La Luz... y que se podían adquirir en la imprenta o establecimiento tipográfico Pruneda, a veces sin citar la librería. A continuación y sólo a título de curiosidad he espigado de las publicaciones susodichas, los siguientes libros que ni son todos los que circulaban ni tampoco el único establecimiento que empezó la venta y distribución.

 

EN “EL ECO...” y en “LA LUZ...”

 

A título de orientación anotamos algunos de los impresos que se publicaron en los primeros años de la imprenta en Avilés. El primer impreso con que contamos de momento, tras la salida de El Eco de Avilés, es en 1867 una “Carta de confianza dirigida por don Juan de Ovies, cura propio de Santo Tomás de Sabugo en Avilés, a su especial amigo D. Julián García...”. Imprenta de... Pruneda.

En 1867 Adophe d´Soignie publica “Estudios sobre los puertos de mar”.

En 1869 se publica en la Imprenta La Luz de Avilés (Imp. Pruneda) el “Compendio de la Historia de Asturias” y “Comedia en tres actos en verso” del entonces conocido poeta y autor dramático don Pedro Carreño, que tan malparado lo deja A. Palacio Valdés en “La novela de un novelista”.

Fernando Mª Ochoa publica en 1870 “Situación difícil de la Isla de Cuba”. En 1877 aparece en la Imprenta y Librería de A. M. Pruneda “Las religiones y la Religión” del magistrado jubilado y alcalde de Avilés por un año (1844-1845) don Ramón González Llanos. Con él tuvo relación el lingüista y frenólogo Mariano Cubí i Soler cuya Revista de frenología “La Antorcha” se vendía en la librería  García, sin más datos.

Don Pedro Carreño sigue escribiendo obras de teatro durante los años 1877 al 1879, todas publicadas en la “Imprenta y Librería de D. Antonio María Pruneda”.

 

En  1878 es Vicente Fernández Buján  quien da a la luz una “Gramática castellana”. Y aparece en 1878 publicado en la “Imprenta y Librería de A. M. Pruneda” el “Manual de Aduanas, o Recopilación de casos y apuntes prácticos para facilitar los despachos y para uniformar la marcha administrativa de los asuntos de la Administración Provincial de la Renta”,  del pericial de Aduanas don Juan Martínez Sáinz.

 

En 1879 nuestro primer impresor publica: “Escenas penitenciales publicadas en el periódico de La Luz de Avilés y reimpresas ad mayorem gloriam...”. 

Un dato inusual y curioso es que A. Mª Pruneda, con haber escrito y corregido tantas páginas en la docena de periódicos que salieron de su imprenta, no haya firmado ni un solo artículo. Desconocemos por tanto su estilo y su labor literaria. Ni siquiera podemos contar con textos fidedignos suyos para poder hacer un estudio comparativo y poder atribuirle algún trabajo.

En 1879 sale a la luz el “Reglamento de la Sociedad fundadora y Protectora de las Artes y Oficios de Avilés”.

 

En 1880 Domingo Álvarez Acebal publica un “Programa práctico sobre las lecciones de álgebra explicadas en la Escuela de Artes y Oficios de Avilés” y Adolphe d´Soignie en 1882 “La emigración: sus causas, sus efectos, su fin en Asturias”.

También los médicos titulares toman parte en la edición de libros y folletos, así el doctor José Plaza y Castaños en 1882 saca a la luz “Instrucción sobre el cólera asiático, escrita para los habitantes del partido judicial de Avilés” y años más tarde, en 1897, la “Memoria del análisis cualitativo y cuantitativo de las aguas potables de Avilés”. Ese mismo año  de 1882 en colaboración con otro médico titular de Avilés el doctor Prudencio Rubín de Celis publican la “Instrucción popular sobre la vacunación y revacunación...”.

 

Un tema que aparece en todas las páginas de los primeros semanarios es El Puerto. El folleto “El Puerto de Avilés. 1884” recoge varios artículos publicados en “La Luz de Avilés”. En 1888 Manuel González Llanos publica “Apuntes de un viaje a Roma por el peregrino asturiano Manuel de Caunedo”, aunque Españolito escribe haber sido publicado en Gijón. En 1889 una “Memoria de la Escuela Dominical de Ntra. Señora del Carmen, establecida en la Villa de Avilés”. Finalmente en 1904, sin tratar de agotar el tema, aparece en la imprenta de Pruneda un conato de novela bajo el título, “Magdalena, apuntes de novela” del Rvdo. don Manuel Álvarez Sánchez.

 

En 1883 publica en Barcelona A. Palacio Valdés la novela Marta y María. No hay espacio aquí para un estudio sobre las alusiones a obras o citas sobre librerías en la novelística avilesina. Por ser protagonista de la misma nuestra villa recogemos a modo de ejemplo la que aparece en el c. VIII de la citada novela sin dar nombre. Dice: “El librero de la calle de la Industria pedía a Madrid unas cuantas novelas de Paul Kock y Adolfo Belot por encargo de sus parroquianos, y el profesor de piano hacía análoga reclamación a los editores de música, de varias romanzas sentimentales con títulos apasionados como Vorrei morir, Tutto per te, No posso vivere y otras de igual jaez, por empeño de sus discípulas”. Poco después nos habla de algunos periódicos que leían los avilesinos novelados: “¿Ha leído usted el artículo de entrada de La Tradición (La Tradición era un periódico que se publicaba en Nieva los jueves…). Pues cuando lo lea ya verá V. qué arco iris nos preparan los partidarios del altar y el trono”. Ya antes nos había hablado de otro diario llamado El Tiempo…(2) (2) Palacio Valdés, Marta y María, Barcelona 1883, pp. 174 y 188.- La calle de La Industria pasará a llamarse de Llano Ponte el 15 de enero de 1892, a instancias del alcalde José Cueto que había comisionado para efectuar algunos cambios a Estanislao Sánchez Calvo y a David Arias.

 

Pero no todo debía de ir bien en la venta de libros por aquellos años. Un anuncio inserto el día 31 de marzo de 1889 en La Luz... dice: “En la imprenta de este periódico se liquidan a cualquier precio obras y novelas de la propiedad del impresor. Aprovéchense los aficionados”.

 

Dos imprentas que no suelen ser citadas son en primer lugar la que trabajó en los años previos a 1936 en la calle Suárez Inclán, (hoy calle La Fruta) nº 22, llamada Imprenta Moderna, un titular por cierto nada original, ya que al menos en Gijón y en Pravia aparece en sendas imprentas. Estaba al frente de la misma Melitón Sánchez Fernández, que vivía con su mujer Carmina Alonso y tres hijas en el 2º piso, y aunque no tenemos constancia de venta de libros en la misma sí nos consta que en ella se publicaron folletos de corte anarquista, por lo que el impresor estuvo varias veces en la cárcel, libretas del Sindicato Único de Trabajadores de Avilés, especie de agenda con los 12 meses del año y encabezada por las iniciales I. S. R, y algún periódico de izquierdas. Matilde Beneitez que pasó su niñez en esta calle, aún recuerda la imprenta y al propietario. El interés que reviste para nosotros es debido a que una de las máquinas Minerva con que trabajaba y cuyo ruido tanto molestaba al vecindario, se sospecha que pudiera ser la misma con la que trabajó Pruneda. Hoy se ha recuperado con vistas a un Museo tipográfico en Miranda.

La otra imprenta, también recordada por M. Beneitez, llamada Helios, sita en el nº 8, fue donde se publicó un periódico llamado Amanecer (4 de junio a septiembre de 1931), fundado por Jesús González Rodríguez. Su primer director José María de la Torre, bajo el seudónimo de “Julio Vicente”, llevó a cabo una intensa labor literaria en la prensa y en Revistas de Avilés y la Provincia. Al dejar de publicarse lo dirigía Eduardo Rado. Entre los colaboradores estaban Marcelo Gago, Luis Menéndez “Lumen”, Luis Arbesú, Francisco Caramés, etc.

Finalmente en el nº 18 de la misma calle, entonces Suárez Inclán, Ana Isabel Cámara y Milagros García reseñan una nueva imprenta llamada La Constancia, (incluidas las tres aquí para evitar que caigan en el olvido), al frente de la cual se encontraba Juan Cueva Rodríguez de la Flor, que murió víctima de la guerra civil. En ella se publicó desde 1904 el diario El Pueblo y luego El Veto. (3) (3) Ana Isabel Cámara Solórzano y Milagros García Rodríguez: “La imprenta en Avilés: Un análisis de su producción impresa." En “Actas del II Congreso de Bibliografía Asturiana: celebrado en Oviedo del 21 al 24 de abril de 1999”. Principado de Asturias. Servicio de Publicaciones. Oviedo, 1999. Vol. III, pág. 1238.

 

LIBROS, LIBROS...

 

Hasta aquí los primeros libros o folletos publicados en Avilés. Pero es que, como anota Palacio Valdés en Marta y María, también se vendían obras de autores no avilesinos, algunos que ni siquiera estaban vinculados con la Villa, y con temas ajenos igualmente a Avilés, los cuales aparecen anunciados en las páginas de El Eco de Avilés. Solamente citaremos estas obras como referencia y a modo de ejemplo sobre lo que se vendía y leía por entonces en la Villa del Adelantado.

 

El primer anuncio de la venta de libros en El Eco... data del 24 de junio de 1866, nº 4, es el establecimiento del encuadernador García, en Rivero, nº 36, que admite suscripciones a las siguientes obras:

“La esclava de su deber”, “La Buena madre”, “Los Hijos perdidos”..., de Fernández González.

“La Envidia”, “La Esposa mártir”, “Los Hijos de la fe”, “La Mujer adúltera”, “El Mártir del Gólgota” de Escrich. Y “otras muchas de diferentes y reputados autores cuyos precios varían entre 2 reales y 2 cuartos la entrega”.

El mismo anuncio aparece de nuevo el día 15 de julio de 1866, nº 7. y nº 9. De Pruneda no se dice nada.

El Eco... del  17 de febrero de 1887, casi un año después, publica que se pueden adquirir en la imprenta de este periódico y en la “Librería García” las siguientes obras con motivo del comienzo de las fiestas de San Agustín el 19 de agosto de 1866:

“El Corazón de un artista”, comedia en un acto y en verso original de Ramón Álvarez estrenada junto con “El Campanero de San Pablo”, “Las Travesuras de Juana”, y “Los Hijos del vicio”, esta del asturiano Montequín. Se vendía a cuatro reales. Un comentario sobre la obra “El corazón de un artista” de Ramón Álvarez lo encontramos en El Eco... el 26 de agosto. “Las bellas Artes de España”, por José García. En Madrid, Provincias y en esta imprenta. No dice librería. Mayo de 1867.

El 2 de junio de 1867, en el nº 54, de nuevo nos encontramos con “El corazón de un artista”, y con “El Mártir del Gólgota”, 2 tomos gran lujo preciosas láminas, 543 páginas, y 481 páginas el segundo tomo.  “Carolina” de José Ramón Melendreras, a 12 reales. En esta imprenta. A la par funcionaba la Librería y encuadernación de García, ya citada. Los tres libros aparecen durante varios números de julio y agosto de 1867.

 

En enero de 1868 se vendían: “Dramas sangrientos, o colección de crímenes célebres”, a cuartillo de real la entrega. “Pontificado” (revista religiosa), “El Iris del niño cristiano”, “El Hada benéfica”, repertorio de manuscritos y libros para las escuelas, “Tablas del sistema métrico... en este establecimiento tipográfico. El día 17 de noviembre 1867, nº 77 y luego durante varios números... “El Universal”, “Correo de la moda”, “EL Imparcial” (Diario y revista), “Revista Hispano americana”, “Gaceta Musical”, “La Época”, “Gaceta del notariado”.

En el penúltimo número se abre suscripción para una “Biblioteca escogida o Tesoro de Autores españoles”, libros de 400 páginas a 10 y 12 reales. La primera entrega son las obras selectas de Fray Luis de León.

 

El 26 de enero de 1868 aparece el siguiente anuncio. Aprovecharse. Han llegado a este establecimiento tipográfico: “El libro de los niños”, por Martínez de la Rosa, “Fábulas” de Samaniego, Gramáticas castellanas, Arce, Fleuri, Catón y otros para escuelas”.

“Patología general, interna y quirúrgica”, “Anatomía patológica”, etc. para estudiantes de medicina. “Flores de María o El mes de mayo consagrado a la Soberana Reina de los cielos”, seguido de varias y devotas oraciones.

En el obrador de encuadernación de García, en la calle de Galiana, nº 26, se vende por entregas la “Historia de Cristóbal Colón” y la novela “Don Quijote”.

 

El 22 de marzo 1868 se han recibido Devocionarios, Semanas santas y Eucologios romanos a precios arregladísimos. Así mismo libros tales como “Los enterrados en vida” por Martin Ballarín, “La Resurrección de Rocambole”, novela en 2 t.  “Ponsón de Torrail”, traduc. de Enrique Rendez, “La fiebre del oro” por Gustavo Aimard, traduc. de J. J. Sáenz de Urraca, “Genio y figura” por Ch. Paul de Koch, traduc. de Rafael Mejía, (uno de los autores citados por P. Valdés en sus novelas), “Los filibusteros de Aimard”, traduc. de Saenz de Urraca, “La Baronesa de Blaquiskof” de Ch. Paul de Koch, traduc. de Rafael Mejía, “La salud de los casados o fisiología de la generación del hombre e higiene filosófica del matrimonio”, por el Dr. Luis Leraine, traduc. de Joaquín García, que alcanza una 2ª edición. Se ve que interesó. “Guía del cultivador”, por Buenaventura Aragó, “Carolina”, “El Trovador de Monserrat” poesías catalanas de Víctor Balaguer con traducción al castellano, “El Año cristiano”, 15 tomos, encuadernados en tafilete con hermosas láminas en acero, 200 reales en esta imprenta.

Los últimos números de El Eco... cierran con el anuncio de la “Historia de los Estados Unidos” por J. A. Spencer Zorrilla y “Ecos de las montañas. Leyendas históricas”.

 

El 10 de julio de 1886 “El Noticiero Avilesino”, publicado en la Imprenta “La Avilesina”, segunda imprenta fundada en 1885, calle del Muelle, nº 12, llamada luego La Amistad, y finalmente La Industria, inserta el siguiente anuncio: “Obras científicas y literarias. Se sirven con puntualidad. Parece ser que duró hasta 1892.

 

En 1866 un tal Fernando Ordóñez y Prieto, en la calle  La Fruta, nº 12, seguramente es otro caso de establecimiento o simplemente de un representante, que vende libros sin que aparezca como librero.

Ese mismo año abre Indalecio García en la calle Galiana un taller de encuadernación. Indalecio pertenecía a la Sociedad Artística y escribe en El Eco... un largo comentario sobre el modo como debe constituirse la Sociedad de Socorros Mutuos. (4) (4) El Eco de Avilés,. 31 de marzo de 1867. Se trasladará en 1869, cuando se apaga El Eco..., a la calle de La Cámara. Pero la librería sigue abierta, situada, según documento gráfico, en lo que hoy es la entrada a la calle Julia de la Riva, desde la Plaza Álvarez Acebal, y acaso se mantuvo allí hasta poco antes de abrirse dicha calle en mayo de 1907. la regentó  algún tiempo la familia del periodista avilesino Pepe Galiana, por lo que recibieron el sobrenombre de “Los Libreros”. (5) (5) Com. pers. de Matilde Beneitez.

En 1915 se anuncia en el porfolio de las Mutualidades de Miranda como: “Librería de la señora viuda de D. Indalecio García.- Plaza de San Francisco. A precios económicos. Librería nacional y extranjera... encuadernación, suscripciones. Últimas novedades”

Una nueva ubicación la encontramos el año 1916 en una nota del libro de las Mutualidades Escolares de Miranda que dice. “La Librería de la Viuda de Indalecio García se traslada a la calle del General Lucuce, nº 8. Avilés. Precios económicos. Libros Nacionales y Extranjeros. Objetos de escritorio Encuadernación. Suscripciones. Últimas novedades del ramo”.

El anuncio en Las Mutualidades de 1917 reza: “Librería de la Viuda de Indalecio García, calle General Lucuce, 8,... etc.”. Esta librería, decana de las librerías de la Villa, aún se anunciaba los 1924, 25 y 26 en El Bollo y en el Álbum de Fiestas de San Agustín (1925) como “Librería Nacional y Extranjera. Viuda de Indalecio García, etc...” y en la misma calle.

Se expende menaje para escolares y objetos de escritorio, así como se hacen suscripciones a toda clase de obras y revistas nacionales y extranjeras, siguiendo una costumbre que inicia en Avilés el propio Antonio Mª Pruneda en su librería/imprenta en 1865 y seguirán otros impresores, así la imprenta gráficas Careaga fue registrada inicialmente cono Imprenta y Librería en 1956.

En 1925 algunos semanarios insertan el siguiente anuncio: “Trabajos manuales y recreativos para niños y niñas. Gran surtido de estuches de papeles y sobres para cartas. Tarjetas de visita. Postales fantasía y de la localidad. Estampería religiosa. Devocionarios. Rosarios de plata, coco y aluminio.- Centro de suscripciones. Sellos de caucho. Objetos de escritorio”.

El año 1939, regresa a la entonces calle de J. A. Primo de Rivera (hoy San Francisco), como “Hija de Indalecio García. Librería en General”.

 

Da la impresión de que el hecho de poner en marcha una imprenta llevaba entonces anexo el que se abriera a la par una librería con venta de libros, revistas, periódicos, puesto de suscripciones de los mismos, etc. Un caso de imprenta librería que llegó hasta nosotros fue La Atalaya de la que luego hablaremos. En la imprenta llamada “La Avilesina” sita en la calle La Fruta, nº 8, ¿es la misma que más tarde llevará el nombre de Helios? se publicaba “El Centinela”, Semanario literario y de intereses locales en 1885. Tenía, catálogo de venta de las obras publicadas por la Editorial Guijarro de Madrid. Ana Isabel la sitúa en Rui Pérez, 18, entre 1911 y 1914 a nombre de Antonio Valle Romero, que también tenía taller de encuadernación. Se trata seguramente de otra imprenta con el nombre de “La Avilesina”, sin que tenga nada que ver con la anterior de 1884-85, que estaba instalada en la citada calle de calle Rui Pérez entre los años 1909 y 1914. Es en ella donde se publicó El Diario de Avilés en su última etapa según un estudio que está llevando a cabo el historiador avilesino Luis Muñiz.

 

Y MÁS LIBRERÍAS

 

Francisco Fernández García abre la Imprenta Librería “El Siglo” en la Calle La Cámara, según Carmen Mourenza en 1890. Tenía una prensa movida a mano que había sido adquirida a Justina, y trabajó hasta final de siglo. Pero en 1888 ya existen anuncios en La Luz de Avilés, que hablan de Encuadernación y Centro de suscripciones, en la calle La Canal, nº 24. Y “Facturas, esquelas, tarjetas, membretes, órdenes de pago, estados, talonarios, letras volantes, Esquelas de defunción, Id. de participación, memorias-avisos, memorando – sobres, prospectos, circulares, etc. También se anuncia como “Imprenta Americana” y añade la siguiente nota de cierto interés para la historia tipográfica avilesina:

“El dueño de este acreditado establecimiento, deseando corresponder al favor del público, acaba de montar una magnífica máquina de imprimir en negro y en colores, llamada “La Americana” encargándose desde luego de toda clase de trabajos de imprenta, los que desempeñará con prontitud, esmero, lujo y economía nunca vistos en esta villa” (6) (6) La Luz de Avilés, 20 de mayo de 1888.

Existe documento gráfico en el que aparecen los propietarios y fundadores, el matrimonio Francisco Fernández García y su esposa Francisca, don Gabino García, padre del médico don Gabino García García, y don Pedro Hevia y Menéndez Sierra (con bombín) hermano del abuelo del Cronista de la Villa don Justo Ureña Hevia, bajo el cartel en tres campos “Imprenta- El Siglo- Librería”.

Hubo un bazar de calzado en la calle Marqués de Teverga, nº 14, el año 1901, llamado “Al Siglo” de José Miranda. Se anuncia también otro o acaso el mismo, bajo el rótulo “Al Siglo XX” de Ovies y Hevia con el eslogan “para vestir barato y elegante”. El comienzo del siglo debió de ser pródigo en bautizar cualquier tipo de entidad comercial o cultural con el socorrido título de “El siglo”. Incluso en las fiestas de Carnaval de 1901 (17, 18 y 19 de febrero) según un historiado programa publicado en la Imprenta La Unión, una de las siete carrozas que desfilaron por las calles avilesinas, ocupada por socios de número que representaban el siglo XIX y el XX, se llamaba “Carroza de los Siglos”.

 

Según comunicación recibida hace años de Aníbal López Muñiz, buen conocedor de la vida cultural avilesina, una señora llamada Leoncia Muñiz Suárez (a) “Leo la Cocona” casada con José González, tenía una tienda/librería en los bajos de la torre del Palacio de Ferrera, con entrada por los jardinillos de Los Caños de San Francisco en la que vendía novenas, devocionarios, libros litúrgicos y religiosos, cera utilizada para el culto de la iglesia consistente en velones, cirios, lamparillas, mariposas, etc. así como otras mercadurías litúrgicas como obleas, mantillas, velos, puntillas, géneros, etc. En esta tienda se había formado una tertulia a la que acudía cada día un hermano suyo y sacerdote llamado don León, que había sido coadjutor de Candás en 1880, de Naveces en 1882 y de Miranda en 1897. Era natural de Avilés, de mote “León el Cocón”, tío carnal de la madre de Aníbal (a) “Lula”  (7) (7) Revista de fiestas de Miranda, 1987. Doña Leoncia, con los ingresos de su negocio, compró en Heros (Miranda) un caserío conocido hoy como “El Cueto”. Un anuncio en el porfolio de las Mutualidades de Miranda dice el año 1916: “Nuevas postales con vistas de Avilés y alrededores. Paquetería, Velas de cera, Rosarios, Estampas, Papel de cartas, Juguetes, Devocionarios, Piedras para encendedores, Semilla de alfalfa, Almanaques. Fumadores: el mejor papel de fumar es la marca Néctar. Hijo de Leoncia Muñiz. Avilés”.

Otra versión que me fue confiada es la de que en esta tienda / librería trabajó un personaje llamado Pacho “el libreru” y era frecuentada y a veces atendida por un tal don Ramón García, un mayordomo del palacio del Marqués de Ferrera que siempre vestía de negro.

 

Mercedes Valle regentaba en 1911 un “Bazar- Librería” en la entonces llamada Plaza de la Constitución. Era uno de los puestos de venta de la popular y veraniega revista de La Batelera.

 

Rafael Fernández Ovies estaba al frente de “El Comercio/ Establecimiento tipográfico” que en 1915 fue imprenta de La Voz de Avilés en la calle Pinar del Río, nº 22. Los trabajos de imprenta en el piso de arriba estaban a cargo de Fernando Wes. Compra el establecimiento en 1920 el director de La Voz...  Manuel González Wes.

Según algún informante la susodicha imprenta “El Comercio” tuvo en el patio un gran almacén de bolsas de papel, muy solicitadas por comerciantes al por menor pues al estar fabricadas con material un tanto pesado revertía en beneficio del comercio. Se confunde con “La Esperanza” que sí vendía bolsas como decimos en otro lugar.

Trabajó en él un hermano de Manolo el Cerero llamado Leoncio Blanco, abuelo de Francisco Mellé y tío de César Blanco. Se anuncia como Papelería, esquelas y recordatorios. Trabajos comerciales de todas clases. Obras de lujo, Revistas, Carteles, Periódicos, Cartas, Facturas, Memorandums, sobres, talonarios, tarjetas de visita, trípticos, Cheques, Blosk (sic). El hecho de incorporarla aquí es porque en esta imprenta de El Comercio se empezaron a publicar las Memorias de la Mutualidad Artime, y de El Perpetuo Socorro, de la Madre de A. Casona. (1915, 1917, 1918).(8)  (8) Mutualidad Escolar Artime, Balance 3º, p. 87. de Miranda de Avilés. También en 1917 se publicaba el Semanario humorístico “La Batelera”, que pasaría más tarde a publicarse en La Voz de Avilés. El logotipo de la imprenta es una especie de escudo profusamente historiado cuyo simbolismo es de difícil lectura.

 

LIBRERÍAS “LA ESPERANZA”

 

En 1915 nos encontramos en la calle San Bernardo, nº 6, con otro establecimiento tipográfico con un nombre tan familiar para los avilesinos como es “La Esperanza”. Tenía el teléfono nº 149. Dará el nombre luego a una serie de establecimientos del ramo. Se anunciaba de la siguiente forma: “La que más económico trabaja en Asturias” Artísticos trabajos a una o varias tintas.- Impresión de periódicos, Revistas y Folletos, Modelaje para la Banca, Empresas Marítimas y Comerciales, Documentos para Juzgados y Ayuntamientos, Prospectos, carteles y Bolletaje, Circulares, Memorandums, talonarios y todo lo concerniente al arte tipográfico. Gran surtido en tarjetas de visita, carnets para participaciones de enlace y bautizo, Esquelas de defunción y Recordatorios, Estampas religiosas, papeles de cartas comercial y en estuches, Sobres de color, blancos y de luto, Libros rayados para Caja y Copiadores de cartas, papel Manila para envolver, etc. etc. En ella se imprimió la Memoria Balance de la Mutualidad Escolar Artime, año 1916, de Miranda de Avilés, en la que incluye un hermoso anuncio del establecimiento, en díptico y a dos tintas hermosamente decorado.

Aunque posiblemente sin conexión alguna pero a título de curiosidad al empezar el siglo el año 1901 ya existía en la Playa de Salinas una Fonda regentada por Manuel Bango llamada “La Esperanza”.

Imprenta y librería “La Esperanza” se trasladarán después al bajo de la casa que había sido domicilio del Marqués de Teverga, en la calle de La Muralla, nº 2. Se anunciaba en El Bollo de 1921 con un icono de un a modo de personaje tocado de capa con la mano en pecho y la leyenda: “La Esperanza” Imprenta: Encuadernación, Fábrica de Bolsas; Librería - Papelería, Menaje para Escuelas, Grandes existencias en libros de Comercio y plumas estilográficas, Sucursal: Plaza de la Constitución.

Según varios informantes esta “Librería imprenta” la fundó Generoso Menéndez, abuelo paterno de los libreros José Menéndez “Pepín” y Manuel Ángel, el actual dueño de la Vieja Atalaya. Nos cuenta Pepín, y según se comentaba, Don Floro, el maestro de Palacio Valdés, nunca obtuvo el título del Magisterio, teniendo que usar para poder desempeñar la enseñanza el título de Generoso Menéndez que a su vez nunca lo usó tampoco. De esta imprenta salieron libros como “Amor y poesía”, en 1917, del maestro manjoniano Cirilo Muñoz Sobrino, director de La Manjoniana (hoy Palacio de Valdecarzana). Como Librería y papelería ofrecía menaje para escuelas, libros de Comercio y plumas estilográficas.

 

Antonio Núñez Fernández toma por traspaso el local, y la imprenta se traslada a la calle Marqués de Pinar del Río, número 11, esquina calle de la calle del Sol donde siguieron trabajando, añadiendo al trabajo la citada fabricación de bolsas de papel. Se anunciaba, según facturas de 1935: “Imprenta, Fábrica Mecánica de Bolsas “La Esperanza”. Se confeccionan toda clase de trabajos a una o varias tintas a precios sumamente económicos. Papeles. Manila y Papelote”. En dicha ubicación, según Luis Muñiz, se imprimió El Progreso de Asturias hasta que en 1919, montó su propio taller en la Plaza Nueva. En el número 9 de la misma calle (probablemente el mismo edificio que lleva el 11, quizás re-numerado por el Ayuntamiento) estuvo la Imprenta de El Diario de Avilés entre 1906 y 1909.

En el Álbum de fiestas de San Agustín 1925, aparece en la Plaza de la Constitución, nº 20, al frente de un comercio de tejidos “Gran surtido en géneros de todas clases”. Será en 1927 y en los años siguientes cuando se anuncia en El Bollo como: Antonio Núñez “Librería La Esperanza” ubicada en M. de Teverga, nº 2. Y al menos desde 1932 hasta 1936, se añade al anuncio un icono: Un libro de letra antigua abierto partido por un bastón en el que se entrecruzan dos sierpes con una especie de halo con franjas. En 1940 aparece en El Bollo con el nombre de Antonio Núñez, pero sin logotipo.

 

Desde 1922 ya había abiertas más de una librería al público con este nombre, una acaso con librería en la misma imprenta, puesto que en un número de El Progreso de Asturias se inserta una noticia que dice: “Desde hace algunos días se hallan a la venta en las Librerías (en plural) de “La Esperanza” las Agendas Bufete, Almanaques y memorandums de la cuenta Diaria, de la importante casa Baillo-Baikllirie. También se han recibido las Agendas Parroquiales. Inmenso surtido en Cromos y tacos de todas clases y tamaños, a preciso sumamente económicos. (9) (9) El Progreso de Asturias, Avilés, 9 de diciembre de 1922

Al frente de la librería siguieron el hijo de Antonio Víctor, y su hermana Angelina Núñez Biesca como ayudante. Continuaron al frente de ella los hijos de Aníbal López: Berta, Begoña y Javier López junto con Víctor Núñez que se independiza en 1968 para abrir su librería en la calle San Bernardo en otro lugar reseñada.

 

Finalmente conocimos una de estas librerías en la Plaza de España, nº 1, vulgarmente conocida como El Parche, renumerada actualmente con el nº 20. Antes, según el anuncio inserto en el porfolio de la Mutualidades de Miranda fue “Comercio de tejidos de José Fernández Perdones, especialidad en ropa hecha, Plaza, nº 1. Administración de lotería”. Fue más conocida acaso por esta última actividad. Al frente de la cual alguna gente recuerda haber estado un tal Cleominio (Cleómenes) F. P. Figueroa hijo de José Fernández Perdones (familia de mote “Los Pitos”), que fue el amanuense de la primera historia de Avilés “Anales de Avilés” escrita por Simón Fernández Perdones, un conflictivo alcalde avilesino en los años 1840.

 

Antonio Núñez la compra y la transforma en librería dependiendo de la que fue regentada por su esposa Prudencia Biesca Fernández y sus hijas Luz, Carmina y Antonia Núñez Biesca. Especialista en artículos de Navidad, Carnaval, fiestas infantiles, libros infantiles, etc., fue también lugar de tertulia en la que participaban Antonio Mª Valdés, los Cueto, Antón, etc. En época de Cleómenes, aquel personaje alto, pálido, que despachaba con una parsimonia impresionante, tenían una animada tertulia los sacerdotes avilesinos. Mª Antonia Núñez siguió al frente de ella hasta su cierre hacia el año 1994.

 

Otra librería papelería, regentada por Ramona Núñez Biesca estaba situada en la misma plaza, nº 12, donde actualmente se ubica el comercio Modas Pepita.

 

Parece ser que fueron dos de los antiguos dueños de la Imprenta La Esperanza, sita en al final de la Calle del Sol, llamados Jesús y Ramón Gárate, primos entre sí, los que abrieron una nueva librería en la calle La Fruta con el romántico nombre de “Librería Bécquer”. Estaban al frente de ella dos hermanas de Manuel Barbón (Manolo el Cerero), el dueño de La imprenta “La Esperanza” de La Herrería, emparentadas con la mujer de Sánchez Calvo (hijo). Algunos de estos datos, recogidos oralmente, no han podido ser comprobarlos.

 

LA ESCOLAR, CÁSTOR, SANTA TERESA...

 

Librería “La Escolar”, fue fundada por Florentino Recio García hacia 1928. En los años 1934, 35 y 36 la anuncia El Bollo en los siguientes términos: “Librería “La Escolar” de F. Recio. Colecciones: Popular de Leyes y Juris. Tomos: Todas las leyes políticas - Manual del Jurado - Ordenación bancaria -Tribunal de Garantías Constitucionales - Ley de Orden Público - Accidentes de Trabajo - Contrato de Trabajo - Régimen obligatorio de Retiros de Obreros. Cartas y sobres tipo y color modernísimos. J. M. Pedregal, nº 4”.

Desconozco la fecha en la que se instaló en la calle La Cámara, nº 4. Dedicada principalmente a la venta de Periódicos, Revistas y Objetos de escritorio, hoy la regenta su hija Aida Recio Bango, que siempre nos ha recibido tan cordial y gentilmente que es obligado agradecer. Recordaba haber oído que en la calle La Fruta existió otra librería poco antes de 1936 llamada “La Preferida” junto al Bar “Maruxa” en donde el Cronista de la Villa don Justo Ureña recuerda haber comprado lapiceros, papel y demás material escolar. Duró poco tiempo, pues la dueña que no era de Avilés desapareció después de la Guerra y nadie supo más de ella. Hoy La Escolar se dedica a prensa y revistas, así como a la venta de últimas novedades en especial de autores avilesinos.

 

Una nueva librería en la calle La Cámara estaba situada al lado de “El Modelo”, la formaba un matrimonio en cuyo domicilio vivía de pensión D. Agustín Oteruelo, organista y sacerdote adscrito a la parroquia de San Nicolás.

 

La “Librería Amelia González Miranda”, sucesora de “H. García, librería”, se traslada en 1948 a la entonces llamada calle José Antonio Primo de Rivera, hoy San Francisco. Amelia, una señora soltera fue la dependienta de Indalecio. En el mismo local estuvo anteriormente la Confitería de Doña Paula, famosa por sus esponjaos, mantecados, etc. Después de un tiempo de estar abierta la librería volvemos a encontrar en el mismo lugar la Confitería San Francisco. Matilde Beneitez recuerda que cuando un cliente entraba en la librería siempre un hermoso gato propiedad del dueño, que empezaba a bufar.

 

Una sobrina de Amelia González después de algunos años abre otra librería en la calle La Cámara, cerca de El Modelo, con acceso a la Plaza Hermanos Orbón, según algunos informantes con el nombre de “Librería Conchina”. La regentó, o al menos estuvo al frente de ella poco tiempo. Estaba casada con un amigo de Manolo Mallo, a quien debo algunas de estas notas, llamado Enrique Uruñuela. Al cerrar la librería el matrimonio fue a vivir a Madrid.

 

Librería Castor.- Fue toda una institución en la calle de la Pinar del Río (hoy Ferrería), nº 8. Abre sus puertas en enero de 1958 al jubilarse de la Real Compañía Asturiana donde trabajaba, y la inaugura con una sala de arte cuya primera exposición fue la del pintor Manolín Cuesta. En febrero abre la librería. Castor fue sucesor de una estirpe de intelectuales que marcaron la vida cultural del Avilés de finales del s. XIX. En esta calle además de la imprenta de Pruneda, (nº 32, de La Plazuela de San Nicolás que seguía la numeración de la calle), hubo varias imprentas: la de Arias y Calvo en el nº 64 al menos hasta 1937, La Esperanza (una de ellas), El Comercio, nº 22, La Voz de Avilés... Castor Álvarez, fundador de esta nueva librería, hombre polifacético, pintor, librero y músico con carrera de piano y de violín, conocía como nadie la historia avilesina de su tiempo y era una delicia deparar con él sobre temas de la villa, personajes y hechos importantes sobre todo desde finales del siglo XIX. El icono que lucía en el membrete de sus facturas o registros era un pentagrama con una clave de sol y una paleta de pintor de la que sobresalían tres pinceles, dos de las aficiones de este excepcional personaje avilesino. Una de las anécdotas que solía contar es que en una ocasión una veraneante entró en el local y dirigiéndose a él le dijo sin más:

-Hola...

Castor, bajando un poco la cabeza la miró por encima de las gafas, y sonriendo maliciosamente le dijo:

Ay, neña, yo nun te conozco de ná...

-No, no, contestó ella, es que quería la revista “Hola”.

Cerró varios años antes de su muerte que tuvo lugar en 1991.

 

En 1929 se anuncia la  librería de José Antonio Fernández en la calle General Zubillaga, nº 48- 1º, con el siguiente anuncio: “Comisionista en Mueblería, Relojería y Librería en general”.

 

En 1940 nos encontramos con la librería de Juanita Marquínez de la Vega, otro establecimiento cultural avilesino a punto de cerrar. Situada en el nº 16 de la calle del Rivero se abrió al finalizar la Guerra Civil. Anteriormente la primitiva dueña llamada Hermelinda, vendía artículos de ocasión. Su puesto había sido requisado por los moros y el pueblo de Avilés se volcó en ayudarla a salir adelante. Su nueva propietaria Juanita Marquínez al llegar de Barcelona la convierte en librería. Una característica de esta es que por entonces vendía mucha prensa extranjera: alemana, inglesa, mexicana, cubana suiza, portuguesa… lo que sorprendía un tanto en Madrid. Hoy apenas se vende este tipo de periódicos, nos comenta su actual propietaria Pilar Llamosas

Esta calle, haciendo honor a la primera “Imprenta y Librería Pruneda” de la que ya hemos hablado, es la única calle de la Villa que no cambió nunca de nombre y mantuvo una historia singular con su Hospital, su capilla del Cristo, sus dos imprentas y sus aceras porticadas. Era tan estrecha que fue preciso hacer derribos para facilitar el paso. Por otra parte era tan húmeda que para recoger las aguas de los prados del Marqués fue preciso levantar un muro o ribero de contención con tepes, y de ahí seguramente su nombre. En ella se abrieron al menos cuatro librerías, a las que hay que añadir los inevitables quioscos con venta de prensa y de revistas.

 

En esta misma calle se encontraba la “Librería de Santa Teresa”. Regentada primeramente y fundada por Nicolás Granda, popular profesor del Instituto y dueño de La Cervecería, fue Raúl Trabanco el que le dio un cierto matiz de intelectualidad comerciando con libros de lance, objetos de museo, monedas y sobre todo con aquel periódico mural tan popular en el Avilés de entonces  llamado “El Recorte”, un tablero en el que cada día aparecían las noticias recortadas de la prensa diaria a la puerta de su establecimiento y ante el cual se pararon cientos de avilesinos para leer gratis y sin otro gasto que el del tiempo las últimas noticias aparecidas en toda la prensa. Raúl fue un luchador para restaurar y reabrir el teatro Palacio Valdés, que estaba por entonces prácticamente en ruinas y al que Avilés debe recordar y agradecer su labor en este campo al menos.

A propósito de la Cervecería regentada por Ramón del Viso a finales del s. XIX hay una nota en La Semana Ilustrada que indica que era aquí el único punto de venta de la misma. Más adelante añade que también se vende en el estanquillo de Pilar, calle Suárez Inclán.

 

Otra librería abierta en la tradicional calle del Ribero fue la “Librería Atenea”. La fundaron dos socios, uno de ellos llamado Germán Álvarez Vega  (a) “Cabezón”, que fue el fundador y director de un Cine Club avilesino o Cine Forum, dependiendo de la antigua Biblioteca Bances Candamo que estaba a la sazón en la calle Ruiz de Alda, hoy Jovellanos. En su librería trabajaban al principio un contable, dos dependientas, una limpiadora, etc. La venta no daba para cubrir tantos gastos. Después de contraer matrimonio cierra y marcha de Avilés. Abrió hacia 1950 o 1955 Duró unos 10 años.

 

Finalmente contamos en esta misma calle con la “Librería Casona”. Fundada por Mauro Izquierdo en el número 64 de la misma calle, fue primeramente kiosco abierto en 1960 en el nº 110, luego pasó a ser librería en 1965 y en el nº 106, y finalmente al número actual con el mismo nombre. En ella se podían adquirir los libros de texto para el Instituto Politécnico. La regenta actualmente su hijo José Ignacio Izquierdo González. El nombre hace referencia en primer lugar a la popularidad que adquirió Alejandro Casona no sólo a su llegada a España desde Argentina sino luego a su muerte. Esto unido a que también se llamaba “La Casona” una antigua casa de aldea de los dueños dio pie para no dudar en bautizarla.

 

LA ATALAYA

 

Hacia 1948 dos hermanos procedentes de Figueras (Castropol) llamados Manolo y Otón, estaban al frente de la imprenta librería, bajo la razón social de “La Atalaya”, situada en un local, tras un portal hoy Mesón de Salamanca de la calle San Bernardo. La imprenta sólo tenía una máquina de imprimir tipo Minerva y una pequeña guillotina de 0,50 m. de corte.  El nombre de la imprenta aludía a una ermita situada en La Atalaya, un lugar de su localidad de Castropol. La ermita fue el logotipo por algún tiempo de la imprenta.

 

Hacia 1950 José Menéndez del Busto se asoció con ambos dueños, y poco después la imprenta se traslada a Rui Pérez. Adquieren una Minerva automática en Oviedo hacia 1953, la primera máquina automática que se instala en Avilés de este tipo, una guillotina mayor y una Marinoni muy antigua ¿Sería la famosa Marinoni de Antonio Mª Pruneda? Más tarde se adquiere otra máquina plana automática y una guillotina de modo que hacia 1960 había en el local trabajando cinco máquinas de imprimir y cuatro más para  otros usos. Por este tiempo ya no estaban los dos primeros socios. Manolo se había jubilado y Otón se retiró.

En la imprenta que por entonces tenía bastante labor trabajaba por lo menos siete obreros que en cinco o seis ocasiones confeccionaron las Revistas de El Bollo, y un periódico que apareció cuando echaba a andar Ensidesa llamado Panorama. Estos datos se los debo a Pepín Menéndez. En más de una ocasión tuvo que desplazarse a Oviedo para informarse del montaje y manejo de las nuevas máquinas.

Desde 1948 se abre delante de la imprenta una librería situada luego en la calle de Rui Pérez al frente de la cual estaba Gloria González Vega.

 

Es hacia 1960 cuando José Menéndez traslada la imprenta a un local  en la calle González Abarca, nº 4 que compra a Fermín García y abre una nueva “Librería...” al frente de la cual estuvo su último propietario José Menéndez González  (a) “Pepín”.  El edificio estaba en obras y es en 1965 cuando se lleva a cabo es traslado y se traspasa la imprenta a Rafael Mijares, que procedía de León en donde con su hermano Carlos regentaba otra imprenta. Finalmente en el año 2006 se cierra la librería y queda librería e imprenta bajo la razón social de “Imprenta/papelería Mijares”.

 

Otro hijo de José Menéndez llamado Manuel Ángel abre también su Librería el año 1991 en el Carbayedo Nuevo, calle del doctor Jiménez Díaz, nº 3,  bajo la razón social de “Vieja Atalaya”,  siendo esta el punto final hasta el presente de la Razón Social “La Atalaya”, un nombre emblemático ya para Avilés con respecto a la imprenta y venta de libros.

 

Pepín Menéndez, estuvo últimamente al frente de la Atalaya. También recuerda haber oído a su padre que por los años 50 había gente, en especial mujeres que bajaban los lunes al mercado, que se dedicaba a hacer cigarrillos en casa para venderlos luego bien sueltos, bien en una especie de cajetillas llamadas popularmente “albardas”, por el parecido que guardaban el aparejo. El padre desconocía el término, de modo que grande fue su asombro cuando una señora entró en la librería pidiendo “albardas”.

-¿Y para que quiere usted albardas, señora?

-Carajo, pa meter los pitos...

Más asombro aún. Como aún no se atrevía a buscar aclaración de tales albardas le volvió a preguntar:

-Y cuantas quiere llevar?

-Doscientas, por lo menos..., contestó la interpelada.

Entonces el librero sin contener la risa comentó:

-Ay, señora, yo creo que en toda Asturias no va a encontrar albardas para tantos burros...

 

En estas librerías más de una vez alguien entró pidiendo “papel de bigote”, refiriéndose equivocadamente a “papel de barba”, o un “brazo de Manila” en vez de una “mano de Manila...”.

 

OTRAS LIBRERÍAS

 

En la calle de La Muralla, nº 15 (luego Marqués de Teverga) se encontraba la “Librería Galán”, fundada por César Galán, representante durante muchos años de la Tabacalera Española en Avilés. Casado con Mª Jesús Wes, de La Voz de Avilés, abre sus puertas en 1964 al lado del Estanco (propiedad de su madre). Cerró el año 2002. Y en esta misma calle existía en 1923 la librería de José María González Alonso.

 

La “Librería  Sena”  en Las Menas fundada por Raúl Gutiérrez Olay, hoy jubilado en Salinas, fue uno de esos centros de cultura abierto a las novedades del último momento. Raúl, un telegrafista gijonés afincado en Avilés, funda con su esposa Narci una Escuela de Secretariado. Poco después en el bajo del edificio abre el año 1972 una librería con el nombre de Sena, cuyas sílabas curiosamente coinciden con la primera de Se-cretariado y la primera del nombre de su esposa Na-rci. Sin embargo el nombre era un recuerdo al París en el que vivió el fundador algunos años de estudiante. Cerró el año 1992, juntamente con la Escuela del Secretariado de la que han salido muchas promociones d expertas secretarias con destino principalmente a oficinas de Ensidesa.

 

 En la calle de Los Alas estuvo abierta a raíz de  la llegada de la democracia la “Librería Miguel Hernández”, aunque durante poco tiempo. Sus fundadores habían vendido anteriormente libros en la calle. Carecemos de más datos. Se especializó en autores de izquierda hasta entonces en entredicho por la censura del régimen.

Es curioso el hecho de que algunas librerías avilesinas que mostraban este tipo de literatura, cuando el fallido golpe de Tejero alguien dio aviso de la conveniencia de que retiraran del escaparate obras o autores consideradas de tendencia izquierdista. El aviso corrió como reguero de pólvora de modo que al día siguiente ya no era posible encontrar en los establecimientos del ramo libros de Machado, Miguel Hernández, García Lorca, etc.

 

Fundada por Santiago Pérez Fernández y Víctor Cabezas Aznar, existió en la calle Fernández Balsera, nº 16 (hoy 14) la “Librería y Papelería Aguilar” a partir del año 1963. Santiago liquidó a Víctor, pero falleció enseguida de accidente de carretera y su viuda cerró poco después, en 1972. El nombre Aguilar no hace ninguna referencia a la conocida editorial que publicó en lujosa edición y en piel obras completas de los más prestigiosos escritores españoles y extranjeros, sino  que fue escogido por la relación familiar del fundador con Muros del Nalón y  la playa Aguilar. Llevó un primer premio en una de las Exposiciones de libros que tenían lugar bajo los arcos del Ayuntamiento.

 

Vivía en El Campón de Heros (Miranda) y fundó y regentó una librería de ocasión en Avilés un interesante personaje llamado Valentín Maciñeiras García. Pertenecía a la Junta Parroquial que empezó a funcionar en la parroquia en 1965, a la que cedió una curiosa patente para edificar casas y luego distribuirlas por un coste equivalente a la renta de la misma hasta con la que se levantaba la hipoteca y se adquiría la propiedad de la misma. La patente, en el Registro de la Propiedad Industrial, lleva fecha del 14 de junio de 1950, y el nº 192.868. En la calle Carreño Miranda, nº 11, regentaba su librería por aquellos años a la que bautizo con el antiguo nombre de Madrid: “Magerit”. La cartela anunciaba “Objetos de escritorio y Librería de ocasión”. La visité con frecuencia. El último libro que adquirí, un regalo del propietario por estar próximo a cerrar, fue “La copa de cuasia”, libro muy alabado por él.

 

En  Sebastián Elcano, nº 3, regenta la “Librería Balmes” Mª Belén Águila Costa. Fue fundada en 1977 por su antiguo propietario, Sr. Aguirre Martínez, en  Núñez de Balboa, nº 19.

 

Paco Hurlé funda en la calle Pedro Menéndez la “Librería Anzo”. En nombre surgió de la amistad que le unía a Hermenegildo “Gildo” un piloto avilesino de Iberia que al parecer intervino en la ubicación del aeropuerto en Ranón en el lugar llamado Anzo, un terreno baldío de su propiedad cuya venta le proporcionó al parecer pingües beneficios por lo que le sugirió bautizar su librería con dicho nombre.

 

“La Bolsa del libro” fue un establecimiento situado en Ruiz Gómez, nº 35, en cuyo anuncio se leía: “Venta, cambio y alquiler de libros. Se cojen (sic) puntos a las medias”.

 

Librería y artículos de artesanía asturiana se vendieron en una librería de nombre “Muérdago” situada en Ruiz Gómez, nº 10. Fundada por Pedro Barros Soberón el cual había regentado anteriormente el conocido y tradicional “Puesto de periódicos de Luisa” en la calle La Fruta, nº 31. Este puesto estuvo en los bajos del Ayuntamiento y después de la Guerra Civil se trasladó al portal anejo a la Joyería Yemo, y calle de Rivero, nº 6, frente al actual cine Marta y María. Algunos ancianos/as recuerdan el puesto de novelas que tenía en los bajos del Ayuntamiento una señora llamada “La Marmuta”. Colgadas sobre un cordel las había de todas clases, lo que curiosamente en aquel tiempo ya no escandalizaba a nadie.

 

Capítulo aparte merecería la “Librería Clarín” hoy acaso la más importante de la villa, situada en la calle Francisco Orejas Sierra, nº 4 Bajo. La funda en la primavera de 1979 don Aurelio Ramón Gutiérrez Peláez.  Participó en un principio en las Ferias del libro cuando esta tenía lugar bajo los Arcos del Ayuntamiento. Se anuncian como “Librería. Papelería. Libro de texto. Material didáctico”. Una iniciativa que incluyó en la venta de libros fue el acceso del cliente, del mostrador a la estantería. Personalmente tengo que agradecer de modo especial a Álvaro Fraga y compañeros la deferencia que han tenido siempre con quienes los consultan o necesitan gestionar la pronta adquisición de un libro. En Gijón tienen también su librería en la calle Uría, número 9.

 

Víctor Núñez abre en 1986 su librería en la calle San Bernardo, nº 8. Lleva el nombre de su propietario y fundador y se anuncia como “Librería. Papelería-técnica”. De alguna forma se podría considerar un último eslabón de la cadena de librerías La Esperanza, por haber estado en ellas varios años.

 

En la Avenida Fernández Balsera, nº 28, se instala la “Librería Azucel” el año 1986. Anteriormente había tenido su sede en Las Vegas desde 1979. Su fundador Celso Díaz, y su esposa Azucena, inician juntamente con la venta de libros y prensa una empresa Editorial que es la primera que se instala en Avilés. El primer libro publicado fue la novela del Alcalde avilesino David Arias, “Después del gas”. Le siguieron muchos más rebasando ya el centenar. Publica libros de temática asturiana, monografías de Concejos, etc. Entre otros y por lo que me atañe, publicó dos sobre Miranda: Una biografía de Faustina Álvarez García, madre de Alejandro Casona, y el Vocabulario e Historia de los caldereros de Miranda. Es el promotor y mantenedor de las ferias avilesinas del libro. Creó el premio Acebo de honor, Acebo de plata y bronce para escritores destacados. Es importante su apartado de libros en asturiano.

 

En la calle Juan XXIII, nº 38 Mary Carmen González Pérez, funda en 1991 la “Librería - Papelería Alani”.

 

Susana Sela Rodríguez una licenciada entusiasta, si las hay, de todo lo referente a Asturias y a su lengua abre a finales del 1998, con toda ilusión una librería en la calle Juan Ochoa, nº 12, y con un nombre de honda raíz asturiana: “Seronda”. Su especialidad de acuerdo con su afición, fueron libros en asturiano. Desgraciadamente fueron mayores las expectativas que los logros por lo que tuvo que cerrar en 2005.

 

En 1998 Ana María Velasco González abre una librería (Copistería) en la calle José Antonio Rodríguez, nº 1, con el nombre de “Delta”.

 

Otra de esas librerías que trataron de impulsar la lengua y la cultura asturiana desde su misma raíz abrió sus puertas en la calle Sánchez Calvo, nº 1 el año 1998 y cerró en el 2000. Su nombre “Xaronca” en bable significa rana. Fueron sus responsables y estuvieron al frente de la misma Teresa Gutiérrez Rodríguez y Cesáreo García Fernández. Especializaba en temas asturianos, fundaron la tertulia cultural  llamada “La Conxusta”, en la que tenía lugar presentación de libros, charlas y otras actividades.

 

En la calle Bances Candamo, nº 1 Ángeles Salvador Álvarez  fundó la librería y Papelería  “Zentro” el año 2003.

 

A las anteriores Librerías, muchas de ellas desaparecidas o a punto de cerrar, es de justicia incluir las de dos grandes centros comerciales, la que se abre en El Atrio, Al Mark, de Avilés, y la del Centro Comercial Corte Inglés, en la Carriona, esta abierta el año 2002. Siguen las normas de venta y distribución de las grandes superficies comerciales con un amplio, y heterogéneo surtido de publicaciones, con las últimas novedades a la vista, consiguiendo un número de ventas elevado.

 

En cuanto a los kioscos, que sería motivo de otro trabajo en relación a conocer qué tipo de literatura prefieren los avilesinos/as existen curiosas anécdotas de las que entresacamos una que nos parece significativa. En uno de ello, situado hace años en el parque, Constantino Suárez “Españolito” dejó varias ejemplares de su novela “Isabelina”, una novela que se desarrolla en Avilés y por tanto merecedora de una acogida singular. Pasaron varios días y yendo de paseo con Marcos del Torniello y algún otro escritor el autor de la novela se encontró cara a cara con el dueño del kiosco. Aprovechando la ocasión le preguntó:

-¿Qué tal se vende mi novela..., Pachín?

-Ay, don Constantino, contestó el kiosquero apenado..., nun se venden las buenas..., ¿qué quier que le diga...?

Desconocemos la cara y el gesto de don Constantino, pero lo adivinamos.

 

 

A MODO DE EPÍLOGO

 

No sé si he acertado al escoger este tema que en un principio me pareció de interés dado que apenas hay trabajos sobre él. Lo más difícil es que apenas existen documentos o fuentes escritas, por tanto hubo que informarse con noticias, cartas, facturas, algunos anuncios de Semanarios, Revistas festivas, tarjetas y sobre todo con la tradición oral. Pero sucede que muchas veces no coinciden las informaciones y al tratar de contrastarlas y ajustarse para aproximarse a la historicidad del dato la tarea se complica. Por ello sin duda han quedado lagunas, acaso existan errores o inexactitudes, por lo que pido disculpas. Pero, hecha esta aclaración, había que poner la primera piedra. Sobre ella se puede reconstruir con esfuerzo y paciencia la historia de esta fuente de cultura que es la librería.

No he añadido los kioscos por falta de espacio a pesar de haber molestado a sus dueños en busca de datos y por ser a menudo punto de venta de libros. Sería interesante terminar con un estudio monográfico sobre libros y lecturas de los avilesinos de hoy tal como hemos hecho con los primeros libros vendidos en las primeras librerías de la Villa, que aparece al inicio de este trabajo.

Agradecemos a todos cuantos de una forma u otra tantos libreros como amigos y conocidos, nos aportaron datos por escrito o de viva voz, facturas, revistas, fotocopias, fotografías, etc. e informaciones de una forma u otra que son mil. Sin su colaboración sería imposible este trabajo. Citarlos a todos doblaría acaso la extensión del mismo. Quede constancia aquí de mi gratitud, por tanto a todos ellos.

 

José Manuel Feito